A Zanardile sobra corazón
Noticias relacionadas
No era el primer desafío que se ponía delante. No era la primera vez que se enfrentaba a un reto difícil para sus condiciones físicas, pero Alessandro Zanardi lo logró. Este pasado fin de semana, en Valencia, se dio el gustazo de volver a conducir un F-1 después de siete años y de alcanzar una nueva meta tras haber perdido las dos piernas en aquel terrible accidente en Lausitzring. Evidentemente, no le fue fácil. Para empezar, la enorme musculatura que desarrolló desde que perdió sus extremidades le complicó el confort dentro del monoplaza, un Sauber de 2004 bautizado y decorado con los colores de BMW. Para empeorar su situación, los mandos del acelerador, situados detrás del volante, hacían que cada movimiento del mismo lo limitase aún mucho más.
De ello, particularmente, se lamentó en las curvas lentas, ya que apenas sí podía maniobrar en el momento de hacer girar el monoplaza. Todo esto ya se lo imaginaba Zanardi, pero como de lograr tiempos no se trataba, se animó a aceptar la oferta de BMW, algo que al final se concretó este fin de semana en Valencia. Hace un tiempo, volvió a subirse a un coche de la CART y completó las trece vueltas que le faltaban en aquella fatídica carrera en Alemania. Ahora volvió a la categoría que le vio por última vez en 1999 y no para destacar en algún aspecto que no sea el humano. Lo ha demostrado desde que corre en el Mundial de Turismos, y con la prueba de Cheste ha cerrado un círculo, inmenso para él. A Alex le faltan las dos piernas, pero le sobra corazón.




