Rubinos y su impudicia insoportable

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El Real Zaragoza también pescó un puntito en el puerto abierto de Balaídos, que será bueno cuando haya que hacer la suma final, pero que ahora mismo deja una sensación de insatisfacción, de oportunidad perdida. Y, sobre todo, de hastío por la incompetencia de la grey arbitral española, un completo desastre al que nadie pone freno. Desde el atropellado reencuentro con Rafa en el Camp Nou, algún desaprensivo le puso a Zapater fama de carnicero y al infortunado Rubinos Pérez se le fue ayer la mano con una impudicia insoportable. Dos faltas, la segunda sólo una faltita, y a la calle. Y todo en 12 minutos.
Hasta ese momento, hasta que al árbitro se le amontonó el descaro, se vio a un Zaragoza superior, espectacular, incluso, a un Zaragoza que caminaba hacia la goleada. Pero llegó la expulsión de Zapater y nació un partido nuevo, un partido que el Zaragoza se olvidó de jugar desde la roja a ZP hasta el gol de Baiano, un verdadero regalo, todo hay que decirlo, de César. Víctor sacrificó a Sergio García y el equipo se atrincheró atrás y renunció al balón durante 40 minutos. Luego, hubo que reaccionar por obligación y Diego Milito, espléndido, tuvo la victoria tres veces, pero Pinto fue otra vez mucho Pinto.



