Los ciclistas compiten sin red
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Toda muerte es absurda si puede ser evitable. Y la de Isaac Gálvez lo pudo ser. Gálvez no murió a consecuencia de la caída, sino del impacto contra el bordillo de separación de la pista. Un bordillo que no estaba protegido. Si el cuerpo de Gálvez se hubiera deslizado sin encontrar obstáculo alguno, el ciclismo no estaría de luto. Los motociclistas se caen muchísimo más que los ciclistas, a una velocidad además infinitamente mayor, y la seguridad de los circuitos permite que las desgracias sean contadas. En el Mundial de motos, una sola muerte en los últimos doce años. Como en la Fórmula 1. Las salidas de pista son frecuentísimas, pero donde se producen está lleno de escapatorias que evitan los mortales impactos.
Los ciclistas en cambio compiten sin escapatorias; es decir, sin red. Ante una caída lo mejor que se puede desear es que no haya un golpe contra nada. Los sprint ponen los pelos de punta. Codo con codo, a ochenta por hora, y a centímetros de las vallas. Espeluznante. Cada vez que se produce un accidente se toman medidas y se mejoran las protecciones. Pero nunca lo suficiente como para evitar que mueran más ciclistas que pilotos. Hasta que en las zonas consideradas de máximo riesgo, como son las llegadas, los ciclistas no tengan a ambos lados un espacio que impida el choque en caso de caída, o que en los circuitos no se eliminen los bordillos, el ciclismo será un deporte de negra, absurda y previsible estadística.




