Delibasic, Petrovic y otros 'plavi'

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Los periodistas que llevan unos añitos en esto del baloncesto saben lo que es la Sala Pionir. Está en Belgrado y allí juegan sus partidos los dos grandes de la capital, el Partizán y el Estrella Roja. El OKK, más modesto, es el tercer inquilino de este pabellón que se ha quedado obsoleto para el Siglo XXI que proclama la Euroliga. Se inauguró en 1973 y desde entonces ha sido la casa de la selección yugoslava, la plavi de toda la vida, ahora desmembrada en Serbia, Montenegro, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Eslovenia y Macedonia. La casa de los Kicanovic, Delibasic, Dalipagic, Slavnic... y posteriormente, con el paso de los años y las medallas, de los Petrovic (Drazen y Alexander), Knego, Cutura... En el Eurobasket de 2005 acogió partidos de la primera liguilla antes de dejar paso a la última joya de la corona, ese Belgrade Arena en el que la selección griega se proclamó campeona.
Pisé por primera vez la Pionir en junio de 1996. Allí hizo escala la gira de la Selección española que preparaba el Eurobasket que acogeríamos en 1997. Lolo Sainz dirigía aquel grupo de jugadores que dobló la rodilla ante la enésima hornada de buen basket yugoslavo. Perdimos por más de 30 puntos ante Danilovic, Paspalj, Rebraca, Savic, Divac y compañía. Aquel día no jugó Djordjevic, que estaba lesionado. Y Bodiroga, entonces un chaval por el que suspiraba el Real Madrid, nos abrió los ojos como hicieron antes otros muchos yugoslavos que parecían haber nacido con un balón en las manos.



