Un partido con sabor a los ochenta

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Fue una tarde de los 80. Una tarde de aquellas en las que el baloncesto era una lluvia de puntos (204 entre los dos equipos ayer) y se radiaba en un carrusel deportivo en el que los triples de Nate Davis o Essie Hollis volaban de La Malata a Mendizorroza. Pero no, el de ayer fue un Real Madrid-Estudiantes de 2006, un derby en el que Fernando Romay no estaba en la cancha sino en su orilla, micrófono en mano. Una frase del gallego de 2,13 tuvo especial gracia. "Tú, este partido ya lo has visto...", le dijo a Creus, con quien comenta los partidos ACB que televisa La2. Joan es listo, muy listo, y disecciona cada partido como haría un profesor de veterinaria con sus alumnos, pero no creo que tan listo como para imaginar un festín como el que ayer se dio el Real Madrid en Vistalegre. El marcador final (111-93) del partido es engañoso por una sencilla razón: porque no hubo partido. Sólo Will McDonald y Gonzalo Martínez miraron cara a cara al derby, los demás parecieron correr detrás de un rival que se esfumó siempre.
Plaza ha logrado lo que prometió en verano, que el Real Madrid sería un equipo, que cada pieza sería valiosa se apellidara López (como Raúl) o Smith (como Charles). Ah, y que el aficionado se divertiría. Lo de ayer fue un ejemplo, porque todo en Carabanchel fueron sonrisas. Sólo hay una promesa que aún no ha cumplido: que Sinanovic sea el mejor fichaje de la temporada. Pero no seamos aguafiestas, porque lo único que hay que hacer ahora es felicitar al Real Madrid. Y al baloncesto.



