Muñoz dejó de creer en el ovetense

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Oli fue una apuesta de riesgo asumida por Antonio Muñoz, quien optó por darle la oportunidad de su vida a un futbolista retirado ofreciéndole el puesto de entrenador. Esto mismo lo hizo el Atlético de Madrid con Luis Aragonés en 1975, el Chelsea con el italiano Vialli o el Everton con Peter Reid, o más recientemente el Lorca con Unai Emery, pero a diferencia del caso del técnico asturiano, a estos les salió bien. ¿Qué ha pasado con Oli? Difícil de analizar. En todo caso, podríamos aventurar una serie de causas. La primera, que Antonio Muñoz dejó de creer en él en cuanto la afición empezó a cuestionar ruidosamente su labor presidencial. También podemos apuntar que ha saltado a la vista que la plantilla jamás creyó en su técnico si nos agarramos a la vieja teoría de que un colectivo jamás acepta como jefe a alguien que, horas antes, ha sido compañero y en algunos casos, hasta amigo. Le suelen despellejar.
Pero en el 'debe' de don Oliverio, podríamos achacar que no ha dado con el sistema ni ha sacado rendimiento a una plantilla que para Muñoz era la mejor de Segunda. También habría que decirle al dirigente cadista, y supongo que se habrá dado cuenta, que en esta categoría, todos aspiran al ascenso excepto al Castilla (por ser filial) y el descolgado Vecindario. Creo que el cadismo llevaba demasiado tiempo sin apuntarse a una crisis (el descenso a Segunda no se consideró tal) y ahora, está a ocho puntos del ascenso. Demasiada distancia. ¡País!



