Aquellos tiempos del Fiesta Alegre y el Casablancais...

Me lo pasé bomba. Fue mucho más que una exposición de los 75 años de historia del mejor club de baloncesto que haya existido jamás. Miré las ocho Copas de Europa, registro al que no se acerca ningún otro equipo del Viejo Continente, y me vi obligado a abrazarme a los Ferrándiz (el ideólogo e impulsor de esta bendita locura), Vicente Ramos, Emiliano, Sevillano, Trujillano, Llorente...
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Parece que fue ayer, pero ya han transcurrido 45 años. Me refiero a un cartel anunciador de un partido de dieciseisavos de final de la Copa de Europa 1961-62. Me quedé alucinado al contemplarlo. ¿Saben la fecha del encuentro en el Frontón Fiesta Alegre? ¡El 31 de diciembre! El rival era el campeón de Marruecos, el Club Sportif Casablancais. Esa Nochevieja los madridistas comieron caliente y felices (82-38, paliza). Después llegaría la eliminatoria con el Ignis de Varese y la famosa autonacasta de Lorenzo Alocén. Un equipo irreductible que cambió el cuento y que empezó a ganar Copas de Europa como si saliesen de una churrera. Fue el fin del dominio del demonio soviético.
Hasta Ricardo Zamora, El Divino, supo profetizar, en una entrevista publicada en 1932 por la revista Campeón, el crecimiento de este deporte de altura: "Es un juego muy fuerte y duro que necesita una buena preparación para practicarlo y de los más completos que existen". Ayer se cerró una herida abierta con una sección que empieza a ser bien tratada por el club. Sólo un lunar. ¿Dónde estaban Lolo Sáinz y Clifford Luyk?



