Existe vida después de la Galaxia

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Nada más terminar la deprimente última Liga, con una patética derrota en Sevilla (4-3), Raúl se dirigió a Butragueño en el Pizjuán: "Si esto no cambia, no estoy dispuesto a seguir sufriendo este calvario". Un anticipo de lo que le trasladó a Calderón tras el fiasco de Getafe, en un gesto torero impropio del fútbol profesional. El capitán ha sembrado compromiso y ahora está recogiendo la cosecha de su coherencia. Él sobrevivió a la llegada de Figo, Zidane, Ronaldo, Beckham, Owen, Baptista, Robinho y Cassano. Allá donde hubiera un mediapunta fichable, Florentino lo traía desterrando a Raúl a zonas inocuas del campo donde hacía kilómetros sin sentido hasta convertir su fútbol en un triste homenaje a la simpleza.
Por eso, los periodistas (raulistas, no raulistas y ángeles sin sexo) nos vimos obligados a reflejarlo en nuestras páginas. Ayer tuve la oportunidad de escuchar cómo nos argumentaba aquella caída en picado de esos meses infames y la exposición de las razones de su vuelta al escaparate de los incuestionables. Raúl me recriminó, con una educación absoluta, la falta de fe que tuve en él. Sin la menor intención por mi parte, puede que llegara a hacerle daño al exigirle lo que quizás él no podía cumplir en el terreno de juego. Pero esos reproches me reconfortan. Un jugador aburguesado habría arrojado la toalla y se habría retirado a sus cuarteles. Él no. Raúl se ha puesto de nuevo las pinturas de guerra. Eso que gana el Madrid...



