Yo digo Alejandro Delmás

El sueño de Ryan acaba en Cheste

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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En la primavera de 1997, un chico de ocho años, Ryan Slezak, comenzó a anotar sus primeras canastas en un rincón de su patio: en Chicago, Illinois. A la caída del crepúsculo, su madre, Carol Slezak, periodista del Chicago Sun-Times, llamó al chiquillo al interior de la casa. El niño acudió con expresión pensativa. «Mamá», preguntó y se preguntó Ryan, «¿crees que Michael Jordan estará aún en la NBA cuando yo llegue a la liga?»... Nueve años después, por supuesto que Michael no está en una Liga cuyos "grandes" atractivos son las figuras europeas.

Es 2006. Michael Jeffrey Jordan y su halo sagrado se refugian en un reservado del circuito de Cheste para ojear los caballitos de Lorenzo y Hayden.Y en ese reservado late el último hilo del sueño del soldadito Ryan: que hace mucho que abandonó su idea de jugar en la NBA, claro. Ryan Slezak soñaba con alguien cuyos tres últimos anillos valieron en 1997 a la NBA un contrato televisivo de 1.100 millones de dólares: un semidiós. "El problema de enfrentarse a los Chicago Bulls es que muchos jugadores disfrutan con estar en la misma pista que Jordan", mascullaba Red Auerbach, viejo celta gruñón recién fallecido. En busca de semidiosecillos artificiales la NBA ha tenido que montar en Toronto, Canadá, una especie de franquicia de la Euroliga: Garbajosa, Calderón, Bargnani, A. Parker. Buenos, pero no crearán sueños y frases como los de Ryan y Red. NBA 1997-2007. Busquen las diferencias: están entre Cheste y Toronto.

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