Yo digo Raúl Romojaro

Lágrimas por acabar tercero

Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

Noticias relacionadas

En las últimas dos décadas, he tenido ocasión de conocer personalmente a varias decenas de pilotos. Buenos, regulares y malos, poquísimos excepcionales y bastantes mediocres. Pero, de todos ellos, guardo un recuerdo paradójicamente fresco del día en que me puse por primera vez delante de Jorge Lorenzo. Debía ser 1997 y Dani Amatriaín, uno de mis buenos amigos del Mundial de motos, me dijo: "Tienes que sacar a este chaval en el AS, te aseguro que va a dar mucho que hablar". Yo le hice caso más como dogma de fe que por convencimiento y me presenté una mañana en el Jarama para conocer al tal Giorgio. Hablaba poco y me pareció tímido; sin embargo, me sorprendió comprobar que semejante mico pudiera tener tan claro lo que quería hacer con su vida.

Meses después me volví a encontrar con aquel rubito con pose de campeón. Tenía ya la friolera de once años y debutaba en la Copa Aprilia de 125 después de ganar la de 50cc. Amatriaín le consolaba, aunque cualquier argumento parecía inútil; estaba desesperado, llorando de rabia e impotencia porque ¡había acabado tercero en su primera carrera con la nueva moto! Es otro instante que permanece muy vivo en mi flaca memoria, porque tuve muy claro que ese chico haría algo grande en esto de las motos... o su vida sería un infierno. Nunca hasta ese día (ahora la precocidad deportiva es algo más habitual) había visto a un crío con tal carácter de ganador, una cualidad que ha llevado a Jorge, sólo ocho años después, a ser campeón del mundo. Nada más, nada menos...

Inicia sesión para seguir leyendo

Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados