Jaime Ostos, Tragabuches ...y Gordillo
Noticias relacionadas
Jaime Ostos, que por cierto es un tío muy valiente, es de Écija. El 17 de julio de 1963, en Tarazona de Aragón, el puño del rejoneador Ángel Peralta Pineda, salvó la vida a Ostos y, de paso, la audiencia de numerosos programas del corazón, 40 años después. En la Plaza Vieja de Tarazona, un toro de Ramos Matías partió la arteria femoral de Ostos. Peralta taponó a puño cerrado la herida por donde se iba la vida de Jaime. Salsa Rosa debería estar pagando intereses mensuales al centauro Don Ángel, que impidió definitivamente la tragedia, vetando el traslado de Ostos a Zaragoza: que podía haber sido tan letal como el de Paquirri desde Pozoblanco a Córdoba.
Ostos recibió la Extremaunción y 10 litros de sangre, mayormente de un cabo de la Policía Armada, que le mantuvieron con vida hasta que un helicóptero llegó desde Zaragoza con plasma e instrumental. Parece seguro, pues, que Ostos es un valiente. Después pasaron cosas. Desde aquí, un recuerdo a su hijo Jaime, desde aquellos años 80 del Club Natación Sevilla, en calle Trastamara, antes del asuntillo con Britt Ekland y antes de Miami. Pero Écija es tierra de bravos: como Ostos, Bartolo Jiménez o Rafael Sánchez, Lagartijo (no el califa cordobés): o Pepe Luis Vargas, cuya femoral también se convirtió en un surtidor de sangre, una tarde de 1987 en la Maestranza. Rafael Sobrino (un peón de La Puebla del Río, como Ángel Peralta), salvó la vida de Vargas. Y Écija, tierra de bravos y guapos, recibió en una cuadrilla de Los Siete Niños (Satanás, Repiso y compañía) al serrano José Ulloa, Tragabuches, cuya turbulenta historia la resume esta copla: "Una mujer fue la causa de mi perdición primera, que no hay perdición de hombres que por mujer no venga". Hicieron cuartos a los Niños, pero jamás atraparon a Tragabuches. Tras Ostos, Vargas y Tragabuches, Écija acogió a Rafael Gordillo. Y punto.




