Justicia de dos velocidades

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Hace unos años que se viene hablando en Francia del ciclismo de dos velocidades: los limpios (supuestamente, los franceses) y los tramposos (por descarte, los demás). La Operación Puerto era un buen instrumento para equilibrar ese tipo de desigualdades, pero ha chocado con otro ámbito donde también existen las dos velocidades: la justicia. Por un lado tenemos la ordinaria, que se mueve en unos tiempos lentos, pero firmes y seguros. Las prisas son malas consejeras para la instrucción de un delito. Hay que tener pruebas contundentes para poder acusar a alguien, más cuando las penas pueden ser de cárcel. Y luego está la deportiva, que hay que aplicarla rápidamente para que sea justa: el cierre de un campo de fútbol, la decisión de quién entre Landis y Pereiro es el ganador del Tour 2006, etc. Esos dos ritmos descompasados van a terminar con la suspensión cautelar por parte de la Federación Española de Ciclismo de los expedientes disciplinarios. El juez de la Operación Puerto, Carmelo Jiménez, prohibió recientemente la utilización del sumario para aplicar las sanciones deportivas a los ciclistas, porque durante una instrucción suelen ir apareciendo elementos nuevos y cambiando otros.
Un ejemplo real: José Antonio Hermida, cuyo presunto apodo era 'Catalán', tardó en ser implicado en el caso, porque al principio se le confundió con los hermanos Gutiérrez Cataluña, Quique y Nacho. Y si no se permite el acceso a las pruebas, difícilmente se puede castigar a alguien. Lo más triste de todo es que las bolsas de sangre requisadas siguen por ahí y, por lo visto, no son de nadie. Sus tramposos propietarios podrán seguir compitiendo la próxima temporada. Y aquí no ha cambiado nada... el ciclismo seguirá sembrado de dudas.



