Ganar a cualquier precio
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Aunque siempre huyo de las comparaciones en fútbol, la concentración del Cádiz en tierras valencianas me hace recordar a la de la Selección Brasileña cuando se acercaban los Juegos Olímpicos de Seúl. Por entonces, Carlos Alberto Silva se vio obligado a sacar de Brasil a sus jugadores para una mayor mentalización, olvidándose de un entorno que no era el idóneo para el éxito que se pretendía. A diferencia de lo que ocurre en el Cadiz actual, la prensa brasileña era toda una y ningún medio de comunicación especulaba con invenciones impropias de profesionales que única y exclusivamente buscan la desestabilización de un club que, tras largos años en el ostracismo, requiere una estabilidad que en lo económico ya tiene y en lo deportivo esta a punto de conseguirla. Cuando llegué a la Tacita hace 17 años, un periodista amigo me comentó que en Cádiz había que prostituirse para seguir con el sueldo.
Hoy las cosas afortunadamente cambiaron y Muñoz, también conocedor de tiempos pasados, no se casa con nadie. El Cádiz ha avanzado como entidad a pasos agigantados en muy poco tiempo, mostrándose como un club serio y con unas estructuras propias de un grande. Sin embargo, algún resquicio queda cuando se juega con el pan de profesionales a cualquier precio y hasta se falsean informaciones de compañeros simplemente porque desde el club no se renovó a quien se pretendía o no se está en la nómina del equipo amarillo. Como diría mi amigo Cariño. ¡País¡



