Alonso es mucho Alonso
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Pocos españoles son capaces de lo que Alonso habrá logrado hoy: hacer madrugar a un millón de personas para ver su carrera. Ya lo hizo el año pasado y hoy también con seguridad, pues mantiene los mismos índices de audiencia que en 2005. Concentrar un millón de personas ante el televisor un domingo a las siete de la mañana no lo consigue ni el más afamado personaje de la tele-basura. Los domingos a tales horas la audiencia se queda en los 250.000 niños insomnes que se ponen a ver los programas infantiles. Pero ¡ah! cuando corre Alonso. Cuando corre Alonso los audímetros se disparan y alcanzan cifras récord en las franjas horarias. Y eso que no sé si los audímetros tendrán en cuenta que hoy se levanta la veda de la caza.
El dato no es baladí. Si los medidores instalados en los bares multiplican por cinco, hoy, entre las siete y las nueve de la mañana, deberían hacerlo por cien. A las horas en las que corrió Alonso, un millón de cazadores se había puesto en danza. Un millón que había fijado como punto de reunión los bares próximos a los lugares de cacería. Alonso también habrá logrado el milagro de establecer una moratoria para perdices y conejos. Hoy, muchas cacerías habrán comenzado con retraso si, como es de esperar, Alonso se ha mantenido en la pugna hasta el final. Y es que Alonso es mucho Alonso. Borde y antipático para algunos, pero para un millón de españoles, una persona por la que merece la pena el madrugón. ¿Quién puede decir lo mismo?




