Nzalang Nacional, el sueño de una nación hermana
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No entiendo, porque me superan los motivos políticos, por qué España no ha hecho de Guinea Ecuatorial su cantera africana a semejanza de lo que sucede con Francia y sus ex colonias. Esa maravillosa tierra, en la que en pleno corazón del continente negro se habla español, es parte de nuestra historia y debería ser parte de nuestro fútbol. Al que no haya estado allí le resultará imposible hacerse una idea de la locura que vive el país con el balón. En las calles de Malabo o en los bares de Bata el tiempo corre a su ritmo y los aficionados matan las horas hablando de la Liga y al visitante le interrogan con pasión sobre si el Madrid por fin despierta o si el Barça va a seguir con su hegemonía. Porque el país se divide entre madridistas y culés. Eso y seguidores de Bodipo, cuya lesión dolió en Guinea más que en ningún otro sitio. Benjamín le sustituye en el ideario del pueblo y Balboa es el gran anhelo.
Porque el deseo del país es tener una gran selección, un Nzalang Nacional, como allí lo llaman, potente y en las grandes citas. Este sueño arrancó con un puñado de futbolistas modestos, encabezados por Sergio Barila, que se plantaron hace años en Malabo con su humildad como bandera. Aquel primer paso o el gol a Togo han desembocado en la locura actual. Suerte y veremos hasta dónde les lleva este sueño.



