El fútbol y las gafas de madera

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En el fútbol todo el mundo acaba teniendo la razón en algún momento, especialmente si se hacen juicios sumarios de cada partido, sin esperar a que el tiempo, un tiempo prudencial, claro, vaya poniendo a cada uno en su sitio. Recuerdo perfectamente que un mes antes de ganar la Recopa, a Víctor Fernández se le acusaba de dirigir un equipo invertebrado, en el que sobraba Santi Aragón (!!!). No, no es un exceso ventajista, se llegó a decir que Santi era un modelo de medio centro superado, que no tenía quite ni recuperaba. Luego, claro, con la Recopa ya en la Plaza del Pilar se bendijo a coro el sistema de Víctor con una generosidad sin límite y se elevó para siempre a Santi Aragón a los altares. Y todos tan contentos. Sin golpes en el pecho, ni silencios.
En el fútbol se puede dudar de casi todo, y hasta es un ejercicio conveniente, pero no me negarán que resulta enfermizo que las principales sospechas recaigan en los futbolistas de talento, de calidad, en los jugadores distintos. Recuerdo, por ejemplo, el caso de Vellisca, discretísimo zurdo de perfil asustadizo al que se le reconocía siempre su esfuerzo con grandes alardes demagógicos. Y recuerdo, por supuesto, el caso opuesto de Cani, al que se le llegó a negar el pan y la sal, y no se le pasaba una. En el fútbol todo el mundo acaba teniendo la razón en algún momento, claro que sí, pero si de verdad alguien piensa ahora que Aimar y D'Alessandro son incompatibles es que, como decía con sorna Paco Santamaría, va al fútbol con gafas de madera. Con perdón.



