Mi hija y yo animamos a Fernando
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Yo sí me he puesto el despertador. Debo confesar que soy un ignorante en cuestiones de motor, pero Alonso es algo diferente. No me hablen de tácticas, de repostajes o de neumáticos, pero junto con mi hija que nadie nos toque a Fernando y todas las emociones que nos depara en sus carreras. El Schumacher me aburre sobremanera, me parece un alemán prepotente y estoy deseando que un segundo mundial tenga sabor a sidrina. La fiesta de mi ignorancia estaría garantizada, ya que la carrera de obstáculos que ha tenido que superar es innumerable, incluida la propia FIA, que le ha convertido en el enemigo a batir. Si hasta con el Fisichella de las narices parece que tiene el enemigo en casa. Fernando ha domesticado a los intocables de la Fórmula 1.
Este chico tiene ángel, ya que hasta en la consola cuando me lo pido siempre gano. Un misterio increíble para un auténtico alcornoque a los mandos de un volante. Nadie me podrá discutir que estos bólidos son un gran espectáculo televisivo cuando el corazón es el que domina tus pasiones. Fernando es el único capaz de motivarme para saber qué es el cambio de marchas, las lucecitas o todos los entramados técnicos que me desvela Carlos Miquel y que me parecen más complicados que la lista de los Reyes Godos. Seguro que al final habrá justicia y, pese a que Renault no se haya volcado con nuestro campeón, seguiremos presumiendo de tener en España a un campeón que vale su peso en oro. Encima soy partidista, ya que le considero un buen amigo...




