Soy raulista (segunda parte)
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El día que quieran cargárselo de verdad no hablen de él. Ni mucho menos lo amenacen desde el palco del Camp Nou. Se excita. Es como si la crítica desbocara a ese animal futbolístico que lleva dentro. El día que quieran cargárselo, ni lo mienten. El seleccionador de turno, que dé la lista por fax y no abra la boca un mes antes. Porque después de lo de anoche, menudo marrón, Aragonés. Consumido un mes de competición Raúl lleva los mismos goles que Villa y uno más que Torres. Y jugando de enganche, no de punta. Hay que tener mucho valor para cargarse de la lista para el partido de Suecia al máximo goleador de la Copa de Europa.
No era un partido grande de la Champions, pero el Bernabéu se llenó y en el ambiente se percibía ese aroma de las grandes ocasiones. Y el madridismo sabía que Raúl se examinaba ante la mirada inquisidora del filtrador Luis Aragonés y diversos elementos desestabilizadores que desparramados por palcos y gradas habían acudido a ver el triunfo de Raúl o su casi entierro. Su pelea y dedicación a la causa fue la de siempre. Y además hizo dos goles. No será el Raúl de cuando marcó el primer gol en la Copa de Europa. Pero no parece que ni en el Madrid ni en la Selección haya llegado el momento de su pase a la reserva.



