El éxito como consecuencia
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A las 12:38 horas, Pepu Hernández entraba en el coqueto salón de actos de la Fundación Ferrándiz. La reacción del público no se había visto jamás en cuatro años que llevamos de Foros, por los que han ido desfilando cuarenta personalidades del deporte. Los asistentes, puestos en pie, le recibieron con una ovación clamorosa. Lo nunca visto. Fue la ovación del cariño y del agradecimiento. Dos semanas después de volver con el título brazo el brazo, la gente no ha olvidado. Pepu ha devuelto la confianza con intereses, tal y como era su deseo cuando acudió al Foro el pasado mes de enero, tras ser nombrado seleccionador. En aquella visita ya adelantó algo que acabó siendo determinante: "Gasol hace mejores a sus compañeros".
¡Vaya si les hizo mejores! ¡Si ganaron la final para él! En todo esto mucho tuvo que ver Pepu. Al margen de la lección magistral que dictó para explicar cómo neutralizó el ataque griego para dejarle en ¡47 puntos! estoy convencido de que Pepu es un magnífico entrenador porque parte de una premisa que muchas veces se olvida en el deporte: "El título nunca debe de ser un objetivo, sino una consecuencia". Efectivamente. El resultado que se obtiene en una competición siempre es consecuencia de algo. Consecuencia del entrenamiento, del trabajo en equipo, del talento, también de la suerte, y si todo se une para bien, la victoria llega sola, sin necesidad de tenerla como objetivo. Pues así trabaja Pepu. Un maestro y un fenómeno.




