Con la vista puesta en Jan Martín

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Arranca un nuevo curso con la objetiva esperanza de que el Madrid no vuelva a presentar su tarjeta de títulos en blanco. Creo en Joan Plaza, un autodidacta del basket alejado de la imagen engolada (y poco transparente) de Maljkovic. También me gusta el lavado de cara que el club ha hecho en Vistalegre, una cancha que abandona los motivos taurinos para dejar que sus guerreros jueguen en un contexto escénico que huela al baloncesto añejo del Frontón Fiesta Alegre. Más luz en la cancha que en las gradas, megafonía orientada, afición más cerca de la pista... Pero nunca será igual que en el Raimundo Saporta, al que hoy se le rinde homenaje (se cambia la ubicación navideña por el cierre del ciclo veraniego) en el XVI Memorial Fernando Martín.
La matinal ante los lituanos del Rytas promete emociones fuertes. Basta con imaginarnos a Jan Martín saltando a la cancha, con su dorsal número 8 a la espalda, para recordarnos que por sus jóvenes venas corre la sangre del pívot más grandioso de la historia del club con mejor palmarés del baloncesto español y europeo. Jan (21 años, 2,02 metros) dará lustre a una matinal en la que buscaremos las caras renovadas de Smith, el turco Tunceri y el regreso de Raúl López. Pero hay otros fichajes más familiares como Sinanovic, ese gigante al que Boza cortó las alas y que este año puede ser el pívot más intimidador de la Liga ACB. Tampoco olvido a Zizou Bullock, al jabato Hervelle y a los mundialistas de oro: Flipe Reyes y Mumbrú. Hay plan. Hay equipo. Hay esperanza.



