El público abarrotó las carreteras

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Hace un cuarto de siglo, un niño italiano veía pasar al pelotón del Giro, acompañado por papá Giuliano o por mamá Giuliana, por su localidad de Cecina o por carreteras cercanas de Livorno. No le hacía falta desplazarse mucho, porque el ciclismo acudía a la puerta de su casa. Aquel niño tiene ahora 32 años y es uno de los mejores corredores del mundo. "Cuando yo veía pasar a aquellos ciclistas, me fijaba principalmente en uno que llevaba la maglia rosa. Y soñaba ser como él", contó Paolo Bettini el año pasado, minutos después de haber cumplido aquel deseo de la infancia. No sabemos qué porcentaje de culpa tuvo la cercanía del Giro de su futuro como ciclista profesional, pero seguramente que aquellas imágenes alimentaron su afición por la bicicleta.
La Vuelta ha acercado este año la carrera a la gente. Ha frecuentado menos autovías y ha atravesado más pueblos, donde el paso de la caravana se convertía en un gran acontecimiento. Ha invitado a los paisanos a salir a la puerta de casa para aplaudir al pelotón. La ruta se ha abarrotado en Andalucía, Extremadura, Castilla-León, Asturias, Castilla-La Mancha... Hubo una pequeña trampa, eso es verdad, porque en estas comunidades los aficionados normalmente siempre han respondido. Y habrá una prueba de fuego en 2007, cuando se vuelva a pisar Andorra y Cataluña, dos lugares de carreteras desérticas. Pero no nos adelantemos. La Vuelta ha sido un éxito de público. Dentro de un cuarto de siglo, quizá el Bettini de turno recuerde que estuvo allí...



