Medalla para Lissavetzky
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Que el presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) diga que somos un país líder en la lucha contra el dopaje es motivo de satisfacción. En un tiempo récord hemos pasado de ser considerados como uno de los paraísos del dopaje a estar alineados en la línea dura. Hace sólo dos años que un ciclista, Jesús Manzano, tiró de la manta. Tuvo que escuchar de todo; lo más suave fue mentiroso. En este tiempo han pasado muchas cosas. Belda ya no est Labarta, tampoco; ni Manuel Saiz; ciclistas que en su día retiraron el saludo a Manzano permanecen sancionados; a Eufemiano Fuentes le pillaron con el carrito del helado... Y todo porque hubo un político que, tras el cambio de Gobierno, creyó a Manzano: Jaime Lissavetzky.
Para combatir el dopaje se emplean ahora nuevas armas. Por eso nació la AMA, para implicar a los gobiernos en la lucha. Dick Pound, como Lissavetzky, como cada vez más gentes, saben que los controles tienen sus límites. Por eso se han escapado tantos y tantos. Armstrong, por ejemplo, no dio positivo en los siete Tours que ganó pese a que en su orina había EPO y Marion Jones va a salir indemne de su escándalo, porque en alguno de los 150 pasos del contraanálisis se ha cometido algún error. Los mazazos al dopaje se dan con operaciones puertos, con jueces y fiscales aplicando el peso de la ley y, sobre todo, dejando de hacer la vista gorda. Pound, por eso, nos pone como ejemplo. Pues gracias y medalla para Lissavetzky.




