Optimismo alimentado con talento
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Tengo algunos argumentos objetivos, tangibles, pero sobre todo una enorme ilusión. Me siento muy optimista ante la recta final de la temporada de Fórmula 1 y MotoGP, creo que nos esperan unas semanas de intensas emociones... y un desenlace feliz. Me anima más que nada el inconmensurable talento de nuestras dos estrellas, Fernando Alonso y Dani Pedrosa. Siempre he pensado que los dos campeones tienen bastantes cosas en común: son serios, profesionales, provienen de un estrato social similar, sólo tienen en la cabeza las carreras y, fundamentalmente, exhiben un don natural para llevar al límite, en cada caso, un coche o una moto. Cuando están en ello no existen las quejas, las excusas, los miedos, el dolor, ni siquiera el resto del mundo.
Creo que Alonso tiene más fácil renovar su corona de F-1 que Pedrosa conseguir al primer intento una de clase reina para sumar a las anteriores de 125 y 250cc. Pero en esa euforia que me provoca estar en tan buenas manos, tampoco descarto en absoluto que lleguemos a la fiesta final del GP de Valencia con Dani peleando por esa cima que ya alcanzó Álex Crivillé con el título de 500cc. Sé que suena a tópico y me disculpo de antemano, pero no se me ocurre otra forma mejor de resumirlo: está hecho de una pasta especial. Como Alonso. Lo que hizo el domingo en Sepang es sólo una muestra de hasta dónde pueden llevarle esas cualidades fuera de lo común. Rossi ha vuelto y eso es un problema, pero atentos a nuestro pequeño genio. Soñar es gratis, ¿no?




