No olviden que ellas ya son medalla

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No pidamos el oro, porque ellas ya lo tienen. No en un Mundial, es cierto, pero sí en un Europeo. En eso, las chicas también van por delante. Ocurrió en el 93, en Perugia, y significó una especie de boom que hizo crecer al baloncesto femenino. Ha habido más éxitos. Sin ir más lejos, los tres bronces consecutivos en los últimos Europeos. Pero la Selección española ha tenido que luchar contra las rivales y contra los elementos, convertidos en una especie de sordera mediática. Ellas anotaban, reboteaban, crecían en definitiva, pero sus éxitos se perdían en los diarios como por el hueco de un ascensor. Ahora están en Brasil. Disputan su Mundial cuando sus colegas de parquet, los chicos, aún andan recibiendo medallas por los ayuntamientos. Aguardan Corea, Argentina y Brasil, sus rivales en la primera fase, y aguarda un campeonato en el que el oro es aún más caro que el de Japón.
Brasil, que anteayer nos ganaba en un amistoso por 18 puntos, juega como anfitrión e intimida. Y Estados Unidos se muestra intratable. Y Australia llega pisando fuerte. Y Rusia y Chequia se han repartido el pastel europeo en los últimos años. Pero las nuestras no van a regatear una gota de esfuerzo. Tienen a Domingo Díaz, su Pepu, y a Amaya Valdemoro, su Gasol. Y tienen un EQUIPO, así, con mayúsculas, que en eso son calcadas a sus hermanos de basket. "Sólo firmo el oro", decía Díaz hace una semana en Valencia. Con esa frase -entonces en boca de Pepu- empezó el cuento de 'Japón y los 12 españolitos'. Y ya saben cómo acabó.



