Thank you, David...¡Así, sí!

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Las primeras palabras de David Millar tras ganar la contrarreloj de Cuenca abren una gran puerta a la esperanza para este deporte que agoniza en los últimos tiempos. "Quiero pedir a la gente que siga creyendo en el ciclismo, porque yo acabo de demostrar que se puede ganar si dopaje", dijo el trotamundos británico. David viene de cumplir dos años de sanción, después de haber confesado a la policía francesa, dentro del caso Cofidis, que había tomado EPO. Millar pasó un infierno personal, depresión incluida: "Antes era un tramposo. Peor deportista y peor persona", dijo el pasado mes de julio, cuando reapareció en el Tour de Francia. El escocés ha retornado con un objetivo: "Demostrarme que puedo vencer limpio". Pues lo has logrado. Thank you, David.
O David nos está engañando otra vez, o el ciclismo limpio no es la utopía que cacarean muchos cenizos. Y en la primera opción no quiero ni pensar, porque Millar no podría tener tanta jeta. Tras los últimos terremotos de dopaje (la Operación Puerto y los positivos de Heras y Landis), esta Vuelta se presentaba como la enésima oportunidad para recuperar la credibilidad, como el kilómetro cero de una nueva era sin gurús a los mandos. Por ahí andan los aguafiestas de turno con aquello de que "el dopaje siempre existirá". Pues quizá sí, pero lo importante es reducir a los tramposos a una minoría. Millar es un ejemplo. En 2003 ganó el Mundial de contrarreloj dopado y le quitaron el título. En Salzburgo 2006 podrá recuperar el arcoiris y ratificar que otro mundo es posible.



