La Vuelta es fiesta y emoción
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Los Europeos de Atletismo y el Mundobasket, con su apoteósica resaca, nos han llenado el verano de emociones. Ahora se nos queda la Vuelta, ya en solitario, como la reina del baile aunque ya lo es por cada lugar que pasa. ¡Cómo estaba ayer Aranda de Duero! ¡Y Guadalajara, ni se sabe! Tres kilómetros, a derecha e izquierda, con miles de personas agolpadas sobre las vallas. Día de fiesta. ¡Pasaba la Vuelta! Fiesta a la salida, fiesta a la llegada; entre medias, 163 ciclistas en competición pura. Ayer sobre todo. De Galve de Sorbe a Cogolludo, 49 kilómetros sin aplausos, sin vítores, sin escuchar "olé los valientes". Barrancos y valles. Soledad por los parajes donde aún es posible creer que aún habita El Hijo de la Garza.
Allí se consumó la escapada. Sin testigos, sin nadie que la jaleara. Un recorrido inédito que tenía premio para los valientes. Siempre en descenso, daba alas a quienes la intentaran. Como El Hijo de la Garza, que hace miles de años quiso saber qué mundo había más allá de las montañas. No meter a nadie en la fuga le costó al Astana una minutada en la clasificación por equipos y ceder el segundo puesto al Illes Balears, justo ahora cuando la Vuelta se dirige hacia su desenlace. Hacia una crono quebrada y hacia las cimas andaluzas. Ahora la Vuelta reclama la atención ya de toda España. Fiesta por donde pase y emoción en las pantallas. Valverde contra Vinokourov; Sastre y Kashechkin, al acecho. Esto se va a poner que arde.




