La ambición política sin fronteras
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Si se le pregunta a Joan Laporta por su ambición política dirá que nada, que no tiene la menor intención de dedicarse a esa actividad pública en el futuro. Sin embargo, cada paso que da como presidente del Barça parece encaminado a desmentir sus palabras. Sólo dos muestras recientes bastan para sostener lo que aseguran gentes que estuvieron a su lado y le conocen bien: su presencia en el Ayuntamiento de Barcelona en un acto con el ministro José Montilla la pasada semana y su discurso de ayer en la sede de Naciones Unidas, para rubricar el acuerdo de patrocinio de Unicef.
En el marco de la reunión mundial de los comités ejecutivos de Unicef en la sede de la ONU, y tras subrayar que el Barça es "un club con alma" (como si los demás fuesen todos desalmados), Laporta explicó que "para una gran mayoría de catalanes, Cataluña continúa siendo su nación". Dijo también que aportarán dinero a Unicef "para el beneficio de los niños que sufren y de los que viven en situaciones de abuso y explotación" (¿explotación como las de algunas multinacionales del deporte bien conocidas por todos?). O sea, que Laporta hizo política. Ahora sólo falta que vuelva y en la asamblea del día 23 se explique igual de bien ante los socios.



