Yo digo Enrique Ojeda

Defensa, la madre de la Ciencia

Enrique Ojeda
Redacción de AS
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Siempre he pensado que Pepu padecía del oído, no que estuviese teniente perdido, pero sí que la humedad de Ribadesella (Asturias), su patria chica aunque él sea de Madrid, le afectaba, porque si no no se entiende que con los gritos de El Gavioto y su cuadrilla en las gradas del Ramiro o en La Nevera, él, también un demente en origen, interpretase mal la consigna. De aquel "Demencia, Demencia, la madre de la Ciencia", José Vicente ya exponía a deshoras en las noches de copas en Rebote aquello de que la defensa es lo primero, que los chavales tenían que bajar el culo, que era cuestión de actitud y a él lo que le gustaba era eso, mucha ciencia.

Pues sí. Hernández poco a poco ha ido perfeccionando los conceptos defensivos, y lo que es mejor, se los ha inculcado a cuanto jugador ha pasado por sus manos. Ya en el Estudiantes hacía valer ese espíritu científico por encima de todo, y si sus equipos eran los más reboteadores de la Liga no era por ser los más altos, sino porque la actitud también se entrena. Y en el Mundial ha llegado a lo imposible, a convertir a los mejores (al anterior campeón del Mundo, Serbia; al campeón olímpico, Argentina; y ayer, al campeón de Europa, Grecia) en selecciones vulgares. Todo a partir de la defensa, la Madre de la Ciencia. Será que Pepu oía bien y los dementes pronunciaban fatal.

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