Generación mágica y maravillosa

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El Superdepor empezó a gestarse por mor de la valentía y visión de Augusto César Lendoiro, quien, en plena promoción de permanencia contra el Betis, fue capaz de arrancarle a Bebeto un documento comprometiéndose a venir a Riazor si el Deportivo no descendía a Segunda. Estaba fichado Mauro Silva, quien llegó a presenciar un partido contra el Atlético en el Calderón y la prensa anunció su fichaje por los colchoneros cuando le vieron hablar con Donato. El crecimiento de los canteranos Fran y José Ram el compromiso de Liaño, Ribera, Voro, Albístegui, Mariano, Rekarte o Claudio; la calidad de Nando, Aldana o Paco; la posterior de Alfredo y Donato conformaron una generación mágica. Y con ellos, un pedazo de entrenador. Arsenio Iglesias.
Aquel Depor nos encandiló a todos. Porque daba gusto verles jugar al fútbol; porque le tocaron las narices al Real Madrid y Al Barcelona, los grandes de siempre; porque recuperó la ilusión y la autoestima en una comunidad gallega demasiado acostumbrada a sufrir y a la fuga de sus mejores talentos. El Superdepor no era un equipo vendedor sino comprador. Nunca olvidaré su Liga pérdida en 1994. El Barça soltó un pedazo de prima a cada jugador del Valencia y Nando le dijo de todo a González, el portero que paró el ya famoso penalti a Djukic, cuando ambos equipos estaban en el vestuario. Lendoiro no se desanimó. "Volveremos a intentarlo". Hoy, el Depor de Caparrós es el heredero de una generación mágica, única, maravillosa y Súper. ¡País!



