Con Lopera, historias de amor-odio

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El Betis ha obtenido por los traspasos de Joaquín y Oliveira 42,5 millones de euros, al suizo Vogel, que el Milán juegue el partido conmemorativo del Centenario verdiblanco y... pagándose el hotel en Sevilla. Esta operación tiene dos matices. Mientras que el portuense se ha marchado como un señor, al brasileño le dan palos por todas partes. Y eso que ambos han vivido en lo bueno y en lo malo las peculiares formas que, como negociador duro, implacable y sin sentimientos, tiene el máximo accionista del club verdiblanco Manuel Ruiz de Lopera. Pero ateniéndonos al viejo dicho de que el fin justifica los medios, es evidente que Don Manué sabía que si le mandaba cedido al Albacete, Juan Soler, que estaba encaprichado por ficharle (como bien sabía el dueño del Betis), pondría la carne en el asador. O sea. Soltaría los billetes.
Lopera ha pasado de llevar la Copa del Rey a la boda de Joaquín a tenerle en vilo y a encrespar a toda su familia. Pero el final ha sido feliz. Para el jugador, porque era lo que deseaba: seguir creciendo como futbolista; para el Valencia porque se ha llevado el mejor extremo derecho de Europa; para Morientes y Villa porque con este pedazo de jugador se van a inflar a meter goles; para el Betis, porque ha sacado un pastón. Por cierto. José León vendió en 1969 al Valencia a Antón y la afición se encrespó. Algo similar sucedió con la venta de Quino a los ché. La salida de Joaquín ha sido más tranquila. ¡País!



