Un hijo de Víctor Sastre

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Víctor Sastre celebró su 63 cumpleaños el pasado 24 de julio en París, un día después de que terminara el Tour de Francia. Fue un aniversario agridulce. Víctor estaba contento de haber podido juntar a toda su familia, a sus hijos Carlos, Miguel Ángel y Eduardo. No siempre es fácil, porque este último vive en Boston desde hace más de veinte años. Pero había algo que impedía la alegría completa. Carlos Sastre, su hijo ciclista, no había podido rematar su gran actuación en la Grande Boucle con un puesto en el podio, tras ceder su plaza ante Andreas Klöden en la última contrarreloj. El positivo de Floyd Landis le aupará oficialmente al cajón, pero el ambiente de los Campos Elíseos ya no se lo devolverá nadie. Igual que al virtual ganador, Óscar Pereiro.
No sé hasta qué punto el maillot amarillo de la Vuelta compensará aquello, pero estoy seguro de que Víctor era ayer un padre muy feliz. Por su hijo Carlos, por supuesto, pero también por el resto de hijos deportivos, que suman infinito. Víctor es el fundador en El Barraco de la Escuela Ciclista que lleva su nombre y que originalmente se denominaba Ángel Arroyo, en honor del primer héroe de la localidad abulense. A sus pechos se han criado muchos ciclistas, pero ayer nos acordamos especialmente de uno. El añorado José María Jiménez, el cuñado de Carlos, que también fue líder de la Vuelta en 1998. Tengo la certeza de que Víctor también tuvo al Chava en sus pensamientos. Él quiere a todos sus hijos, aunque algún renglón le pueda salir torcido.



