En Madrid ya tenía buena pinta

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Fue el pasado 5 de agosto, en el Madrid Arena, en el torneo que llevó la marea roja hasta la Casa de Campo. Había acabado la primera semifinal y los jugadores de Lituania se encaminaban hacia el autocar que les llevaría al hotel de concentración. Antanas Sireika, su seleccionador, prefirió sonreír y soltar un "no comment" cuando le preguntaron sobre la "manita arbitral" a Argentina. Y, segundos después, Macijauskas, que no había podido evitar la derrota (88-87) al perder el balón en la última posesión, decía que no había que ponerse nerviosos porque "quedaba tiempo para poner a punto el equipo". Pues bien, el equipo ya está a punto y ahora nos toca a nosotros, a España, buscarle las cosquillas. Porque en Japón, Lituania no ha hecho sino confirmar la buena pinta que ofreció su selección hace apenas tres semanas, ante Argentina, en Madrid.
El baloncesto fácil y la manera de mover el balón dentro-fuera. La facilidad para el tiro exterior de los gemelos Lavrinovic (Darjus y Ksystof). El poderío de sus pívots, con Songaila de comodín y Javtokas, el número 15, de un físico impecable. Una roca. Y el talento natural de jugadores como el joven base Kalnietis, con un perfil parecido al ya azulgrana Ukic. "¡Cómo juega el chaval!", me dijo José Luis Llorente, que de bases sabe lo suyo, en la fila de prensa. "Cómo juega el chaval" es lo que en su día dijeron de Sabonis, Iovaisha, Homicius, Kurtinaitis, Marchulenis, Jasikevicius y compañía. El germen de lo que ahora se nos viene encima.



