LeBron James, prepárate

Como miles de españoles, abandoné la piscina de la urbanización a la una de la tarde con la excusa inevitable: "Cariño, me he dejado en casa las gafas de sol. Subo un momento a por ellas". El momento se eternizó hasta bien entrado el tercer cuarto. Jugada para la videoteca. Contemplé a Sergio Rodríguez hacer de Magic Johnson y dar un pase elevado a Rudy que dibujó un alleyoop memorable por encima de las rudas torres serbias. Esa jugada dibujó la evolución de nuestro baloncesto, que ha ido hilada a la de nuestra alimentación. Un servidor todavía iba de pequeñito a la vaquería del barrio donde te daban la leche en garrafas de plástico y luego era necesario hervirla para evitar enfermedades. Los Gasol, Garbajosa o Reyes son los exponentes de una España sin complejos, sana, competitiva y ganadora.
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Hace veinte años era necesario que Corbalán, Martín, Epi y compañía tiraran de talento para tumbar a la Yugoslavia unificada de los diabólicos hermanos Petrovic.
Dos décadas después es España la que mueve la baraja, la que lleva la mano y la que da los órdagos. Los serbios de ayer son sólo una fotocopia borrosa de aquella selección balcánica que llegó a ser la mejor fuera del planeta NBA. Si quitas a Rakocevic y a ese zurdo corajudo llamado Milicic, el rival era poca cosa. Mejor así. España ha enfilado la ruta del oro y ni lituanos ni argentinos evitarán la final soñada. La más justa. La revancha de la final de Los Ángeles 1984. LeBron, prepárate



