Me descubro ante Marta
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Marta Domínguez nos dejó boquiabiertos. A mí, el primero, que había escrito el martes, tras su actuación en los 10.000, que me había causado la impresión de que comenzaba a tener el motor gastado para la alta competición. ¡Pues si lo llega a tener nuevo! ¡Qué exhibición! ¡Qué poderío! ¡Qué casta! ¡Qué calidad! ¡Qué inteligencia! Se acaban los adjetivos para calificar su carrera. Nadie le regaló la victoria. Para darnos una idea de las rivales con quienes afrontó la última vuelta, eran una etiope nacionalizada turca plusmarquista europea, una rusa plusmarquista mundial de 3.000 en pista cubierta y una británica con mejor marca personal que Marta. De todas fue dando cuenta. Una victoria limpia, impecable y sorprendente.
Sorprendente, porque ni ella misma se consideraba en condiciones de participar tras haber corrido el lunes los 10.000. Se hace difícil de entender cómo cinco días después es capaz de ganar una carrera que no figuraba en su programa. Sólo cabe atribuirlo a la falta de presión y responsabilidad, como cuando se establece un récord. Los atletas suelen coincidir en que las grandes marcas salen cuando menos se esperan. Un buen día se encuentran con todo a favor y nada en contra (nada es también no sentirse atenazados) y entonces sacan a relucir lo mejor de sí mismos. Eso sí, hay que estar preparado para no desperdiciar la llegada de ese momento. De que lo estaba Marta no hay duda. Me alegro. Ayer afloró lo mucho que ha trabajado.




