Una sanción injusta y desmesurada
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Fernando Alonso estaba tranquilo tras reunirse con los comisarios del GP de Hungría. Yo también después de ver su incidente con Doornbos, una broma comparado con el recital de despropósitos que nos ofreció Ralf Schumacher hace sólo una semana, en Alemania. Sinceramente creo que el asturiano estuvo poco acertado con su fanfarronada, pero de ahí a calificar la maniobra como "inaceptable y peligrosa" va un abismo. Por eso me parece injusto y desmesurado sancionarle con un segundo en la calificación, más otro por adelantar a un competidor con bandera amarilla... en un entrenamiento libre. Cierto es que ninguna de las dos acciones están admitidas por el reglamento, pero arruinar así el gran premio del líder es un auténtico disparate.
Lo preocupante no es tan sólo que sus aspiraciones en Hungría se han esfumado al verse condenado a arrancar, como mínimo, desde mitad de la parrilla, sino que esta quimera viene aromatizada por cierto tufillo anti Renault... o anti Alonso, si lo prefieren. Briatore, que no se corta, ya lo ha dicho bien claro y lo grave es que la FIA ha venido a legitimar sus palabras casi de inmediato con tan increíble decisión. Fernando es un piloto con carácter, pero de palmarés intachable en lo deportivo, así que hay que buscar argumentos oscuros para justificar lo injustificable. Los comisarios no han tenido en cuenta ni uno sólo de los atenuantes que concitaban los hechos, más bien al contrario: han impuesto una pena ejemplar a quien es el icono de su deporte. ¿Alguien lo entiende?




