Yo digo Juan Mora

Cinco medallas en Grecia

Juan Mora
Importado de Hercules
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Los Europeos de Atenas, en 1982, dieron un impulso descomunal al atletismo español. De la medalla de Llopart en la anterior edición se pasaron a cinco. Las de marcha, naturalmente, no faltaron. Esta vez las proporcionó Marín, un duro fajador, lo contrario que Llopart, a quien se podía calificar como fino estilista. Éste era incapaz de romper su elegancia; antes retirarse que cruzar la meta descompuesto. Marín era todo lo contrario. Cuando el cansancio limitaba su técnica se retorcía en el esfuerzo para no darse jamás por vencido. Así consiguió entrar en la historia como el primer marchador que ganaba dos medallas en un mismo campeonato. Hubo más buenas noticias: el atletismo español no era sólo la marcha.

Abascal subía al podio en una de las pruebas más prestigiosas del programa: los 1.500 metros, donde reinaba Cram. Y Corgos también lo hacía en un concurso de prestigio: el de longitud. Domingo Ramón cerraba la cuenta en una especialidad que comenzaba a dominar a nivel mundial: los obstáculos. El mito de que las medallas nos estaban negadas se desmoronaba. Una nueva generación lograba lo que en su día Álvarez Salgado, Haro, Blanquer, Areta, Garriga o Carmen Valero no lograron sobre la pista. Esas cinco medallas nos situaron en el medallero masculino sólo por detrás de las dos Alemanias, la Unión Soviética y Gran Bretaña. Comenzábamos a ser alguien en el deporte rey. El atletismo entraba en nuestras vidas.

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