¿Y ahora qué hay que creer?

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Entre la lluvia de llamadas y mensajes que recibí ayer, leo el SMS de un compañero y amigo: "¿Y ahora qué hay que creer?". Y no dudo de que esta pregunta es la misma que se están haciendo muchos aficionados, porque este Tour nos había encandilado por su espectacularidad, por sus desmayos y resurgimientos, y, sobre todo, porque habíamos percibido indicios de limpieza. El positivo de Floyd Landis nos deja desolados, mucho más al saber que fue cazado tras su épica etapa de Morzine. La pregunta, sin embargo, no es nueva. Podemos remontarnos al caso Festina en el Tour de 1998, pero no hace falta irse tan lejos. Basta con echar un vistazo al podio de las tres últimas grandes. El ganador de la Vuelta 2005, Roberto Heras, fue descalificado por un positivo con EPO; el vencedor del Giro de Italia 2006, Ivan Basso, está implicado en la Operación Puerto, al igual que el segundo clasificado, Quique Gutiérrez; y el ganador del último Tour ¿Quién ha ganado el Tour?
No es fácil responder a la pregunta del compañero, pero yo me puse místico y le contesté así: "Ésta es una guerra larga y traumática, pero esta batalla también la han perdido los tramposos". El problema es que cada vez que se mete la pata, un puñado de aficionados y algún patrocinador se espantan del ciclismo. La guerra estará ganada el día que los propios corredores señalen con el dedo a los fraudulentos. Hasta entonces, amigo Quique, vamos a seguir peleando y creyendo.



