Este Tour merecía récords
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¡Cuánto daño ha hecho el dopaje al ciclismo! Asistimos estos días a las más bellas y disputadas etapas que se recuerdan en mucho tiempo, tenemos a dos españoles metidos en la lucha por ganar el Tour, y la audiencia no bate récords. Sólo se ha recuperado. Menos mal, porque el Tour comenzó a disputarse en plena agonía. Las victorias de Freire fueron presenciadas por 608.000 y 730.000 telespectadores; el liderato de Pereiro, por 569.000; su defensa del jersey amarillo, por 964.000. Fue a partir de entonces cuando el público comenzó a interesarse por lo que estaba ocurriendo en Francia. Hasta dos millones y medio de personas se han llegado a asomar a la televisión en el tramo final de las últimas etapas.
Tampoco se trata de llegar a los cinco millones que Indurain llegaba a congregar, pero para un país de tanta tradición ciclista como es el nuestro una media de 2,2 millones en la última hora de carrera con todo lo que está pasando significa que el ciclismo ha perdido la confianza del público. De otra manera no se explica que un Nadal-Federer, por mucha final de Roland Garros que se trate, lo vea el doble de gente cuando el partido duró tres horas y media. Ni que los entrenamientos del Gran Premio de Europa de Fórmula 1 se vean más que los momentos cumbres de este Tour, superados también por el España-Francia de balonmano, o las mismas etapas de la Vuelta. Señal de que el ciclismo lleva media estocada, que sólo sus protagonistas pueden quitar.




