Capello y la rebelión en las aulas

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Quitémonos la careta. En el fondo, el noventa por ciento de los madridistas no comulgamos con el estilo amarrategui y especulador que profesa la escuela futbolística de Capello, basada en el trabajo defensivo colectivizado del equipo entero. El esquirol será despedido del campo al grito de: "¡Fuera de la clase!". No obstante, afirmo tajante que el 90% de ese 90% está a los pies del entrenador italiano, convencido de que sólo su inagotable espíritu estajanovista y su vocación por la disciplina desterrará el virus derrotista y acomodaticio que tiene a este vestuario bajo sospecha desde la llegada de Carlos Queiroz.
Cassano, uno de los grandes pecados de la era neroniana del Florentinato, ha reconocido en Italia que "a Capello no le puedo engañar". Antonio ha sido honesto por una vez. Como los niños malcriados (expresión acuñada por el presidente que le trajo al equipo), Cassano asume en esa afirmación culposa que durante los últimos seis meses ha tomado el pelo al club, a la afición y a los profesionales que sí consideran el Madrid su razón de ser. A Cassano nadie le explicó que defender esta camiseta es más importante que tener diez villas de lujo junto a su Bari natal, tierra castigada por la pobreza y la falta de buenas noticias. Con Capello llega un profesor de verdad, un Sidney Poitier que evitará la rebelión en las aulas del Bernabéu. Se acabó el despiporre, la barra libre y las vacaciones de 54 días. Con Capello se restablece el orden en las calles...



