Bajo el síndrome de Gap

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Desde aquel bello Tour del Centenario en 2003, muchos cicloturistas y curiosos visitan la zona. Allí, en el descenso de La Rochelle, hay un cartel que lo recuerda: Caída Beloki. Paso Armstrong. La etapa llegaba entonces a Gap, igual que ayer. Había mucha tensión entre los gallos. El calor derretía el asfalto, los tubulares se agarraban a la carretera. Joseba tensó el grupo, pero una rueda le hizo un extraño. Se cayó. Rotura de fémur. Lance se tiró campo a través para evitar el accidente, sin topar con una minúscula piedra o con un mínimo bache que entorpecieran su camino. Fue una acción espectacular. Historia del Tour. Un escultor australiano plasmó un año después la imagen de Beloki desolado en el suelo. Esa misma imagen estaba incrustada ayer en la cabeza de todos.
El síndrome de Gap generaba tensión, nervios, incertidumbre... incluso jindama. En una curva se cayeron tres de los seis escapados: Matthias Kessler, Rik Verbrugghe y David Cañada. El español es el pupas del pelotón mundial, en empate técnico con Pablo Lastras. Colecciona ya tantas desgracias y visitas a los quirófanos que se ha ganado el apodo de Quebrantahuesos. Con estos antecedentes, el grupo de favoritos olió el peligro. Esta vez no se llegaba a través de La Rochelle, sino del Puerto de Sentinelle. Ni se subió ni se bajó al mismo ritmo frenético de hace tres años. La historia los frenó. Y Óscar Pereiro, un ciclista tan habilidoso con la bicicleta como aquel Armstrong que burló al infortunio con su campo a través, continúa reinando en el Tour de Francia.



