Un premio para Lippi y Domenech
Lippi ya ha ganado este Mundial. Ocurra lo que ocurra esta noche, el seleccionador de Italia ha cruzado el frontera del fútbol italiano con un giro espectacular sobre el estilo tradicional de los azzurri. Italia ha jugado al ataque, con descaro, vitalidad, brío y sin huella del rancio catenaccio que durante años ha venido devaluando a esta selección. Será porque Totti, Pirlo, Toni y Zambrotta obligan a dar un vuelco. O incluso porque Grosso, la revelación del campeonato y Cannavaro, en su segunda juventud, han tirado del equipo desde la defensa para arriba. La realidad es que Lippi ha sabido leer estas virtudes y potenciarlas, provocando una admiración general por el estilo de Italia, que le ha llevado a la final y que le permite salir hoy en Berlín como favorito. Pero una vez reconocidos estos elogios, miremos hacia Francia para darle su valor justo y a Domenech para resaltar su astucia táctica.
Es un equipazo, formado por la combinación de una experiencia competitiva extraordinaria, un gran talento futbolístico y la quinta marcha que le aportan Henry y el crack de nuevo cuño, Ribèry. Digamos que no hay un pronóstico claro, aunque si apostamos por un guión, imaginemos a Italia volcada con todo su entusiasmo sobre Francia y a los de Domenech atrás esperando su oportunidad. En cualquier caso, no hay excesiva discusión sobre el mérito de los dos finalistas y el buen trabajo de sus seleccionadores. Lippi, por transgresor, y Domenech, por astuto, merecen el premio grande de este Mundial.
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