Yo digo Juan Mora

Lissavetzky no saca pecho

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

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Lissavetzky no es feliz. ¡Qué contradicción! Pocas veces un secretario de Estado tiene tantas oportunidades de sacar pecho, pues el deporte español marcha tan bien que abundan las ocasiones para disfrutar. Está ahora mismo pendiente de Nadal por si tiene que acudir a la final de Wimbledon como máximo representante de nuestro deporte, hace menos de un mes andaba por Roland Garros, no se ha perdido un partido de España en Alemania, con la Fórmula 1 y las motos puede viajar cuando quiera que nuestros pilotos no le van a dejar mal. Es felicitado por el ministro francés de Deportes, el Congreso ha aprobado el proyecto de la ley antidopaje que, popularmente, llevará su nombre. No se puede decir que no tenga hechos los deberes.

Tampoco muestra orgullo por haberlos sacado adelante. "Es mi trabajo", dice. Cierto. La tolerancia cero era uno de los compromisos de Zapatero. En ese sentido puede tener la conciencia bien tranquila. Sin embargo, en su visita al AS no se le apreciaba dicha. Eso le honra. Nadie se alegra de las consecuencias de la Operación Puerto, pese a que eran necesarias. Lissavetzky sabe además que el camino por recorrer no es de rosas. De la UCI que no espere ninguna ayuda, los abogados de los ciclistas le van a buscar las cosquillas y sus corifeos han comenzado las provocaciones. Pero que esté satisfecho Lissavetzky. Gracias a él podemos empezar a ir por el mundo del deporte con la cabeza alta; ya pocas vergüenzas quedan por esconder.

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