El 'Viejo Profesor' del que ni sus adversarios hablan mal
Noticias relacionadas
Con todos los respetos, y sin querer hacer ninguna comparación, a mí Jaime Lissavetzky siempre me ha parecido un viejo profesor. Viejo profesor en joven, viejo profesor en Ciencias (Químicas), y no en Letras (aunque sea hombre muy leído). Similar al genuino Viejo Profesor, con mayúsculas, que era Tierno Galván. Tiene barba entrecana, gafas profesorales, aspecto de haber pasado encorvado muchas horas en bibliotecas y otros centros del saber. Y dicción senatorial, que no en vano representó al PSOE en la Cámara Alta, donde refrendó el gran respeto ante el PP que ya había ganado en sus tiempos en la Comunidad de Madrid. Lugarteniente fiel de Joaquín Leguina, adversario político de Alberto Ruiz-Gallardón, aunque adversario con el que simpatiza. Y es que resulta difícil encontrar a alguien que te hable mal de Lissavetzky... acusados de la Operación Puerto al margen, claro.
Pero aunque este hijo de ucraniano inmigrante en España es hombre entrañable, afable, educado, deferente como nadie ante la Prensa, también tiene guante de hierro en mano de terciopelo. Que se lo pregunten a algunos de los implicados en la Operación Puerto. Cuando poco después de tomar el mando del deporte español dijo aquello de que "quien la hace la paga", los que iban a pagar no sabían lo caro que les iba a costar. No le conocían. Es suave, pero pétreo. Madridista enamorado, enamorado del atletismo, frecuentador de las pistas de Vallehermoso desde tiempo inmemorial, constructor de La Peineta (ya con intenciones olímpicas), Lissavetzky está en la historia. Es un joven-viejo profesor que quiere enseñar lo que es el juego limpio. Y lo consigue.




