Como en los tiempos de Perico

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La pregunta se ha repetido en mis oídos una decena de veces durante la tarde de ayer: "¿Y ahora qué nos queda?". Y he dado diferentes respuestas según el estado de ánimo. "A ver qué hacen Iban Mayo y Gómez Marchante, porque no sé si Óscar Pereiro está como el último año", recuerdo que ha sido la primera contestación. "Nos hacemos menonitas y vamos con Floyd Landis", he bromeado con alguien después. Y mi último comentario fue algo así como: "Pues nos queda disfrutar del Tour de Francia, que es la gran fiesta del ciclismo". Sé que ninguno es un argumento para ponernos a dar saltos de alegría en el sofá, pero en mi caso me niego a renunciar a la Grande Boucle. Desde los tiempos de Perico, el Tour ha ocupado mi vida en el mes de julio. Y no voy a hacer novillos ahora.
Precisamente Pedro Delgado nos enseñó la insoportable levedad del Tour. En 1983, a dúo con Ángel Arroyo, presentó su candidatura al triunfo, pero no pudo ganar su carrera hasta cinco años después. Las desgracias, en forma de caídas o tragedias familiares, fueron aplazando su reinado. Y da la sensación de que a Alejandro Valverde le está ocurriendo lo mismo. Dos retiradas en dos participaciones. La pena es que este año se ha ido sin que nos diera tiempo a disfrutarle, pero aún nos queda la imagen de su victoria en 2005 sobre Lance Armstrong en Courchevel para mantener la moral. Valverde ya comienza a pensar en la Vuelta a España y en el Mundial. Así son los campeones. Y mientras, el Tour no espera a nadie y continúa su cita con la historia. Contigo o sin ti.



