El candidato que ve la botella del Real Madrid medio llena
Ramón Calderón desprende una continua onda positiva en su discurso. Considera que la botella del Real Madrid está medio llena, frente a la visión caótica de otros candidatos. Quizás lo defiende así porque él formaba parte de la última Junta directiva, en la que hizo un papel moderadamente rebelde (dice), o será porque es verdad, sin más justificaciones. Le favorece conocer la Casa Blanca desde dentro y por eso se permite hablar con datos puntuales sobre aquello que se vino haciendo mal con Florentino y lo que se hizo bien, que también lo hubo a criterio del candidato. Incluso anuncia sin titubear un dato optimista referente a la situación de la caja del club, elevando la disponibilidad líquida a 160 millones de euros, cuando la versión más generosa (Villar Mir) se plantó en 90 millones. Calderón cree que la política de márketing de la entidad es ejemplar y se apresura a defender las giras del primer equipo, bien organizadas, como fuente insustituible de altos ingresos.
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De lo que presume Calderón es de su plan deportivo para el nuevo Madrid. Se apunta al 'modelo inglés', así lo define, en el que el presidente contrata a un manager y un entrenador y luego da un paso atrás para dejar trabajar a "los que saben". Se le iluminan los ojos con sus apuestas: Capello, Mijatovic, Robben... Y se empeña en asegurar que también vestirá de blanco a Kaká, por más que desde Milán le quieran reventar una operación que él considera tener amarrada. Horas después fue informado por Mijatovic de que podría sumar a Cesc al proyecto tras acordarlo con su agente.
Calderón demostró en el estrado de AS una especial capacidad para encajar las objeciones de los socios que le acusaron con el dedo de llevar al juzgado al Real Madrid por el caso del voto por correo. Y salió airoso, convincente, con un tono diplomático y cómplice curtido en las batallas dialécticas de las asambleas del club. Es palpable que Calderón llega bien al socio desde su visión natural de los hechos, sin presunciones ni revanchas pendientes. Pasó dos horas el candidato sin una palabra más alta que otra en una campaña ya de por sí agresiva y eso se le agradece.



