De verdad que no es nada fácil...
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No debemos caer en la tentación de pensar que lo que está haciendo Fernando Alonso es fácil. Existe cierta tendencia a devaluar lo habitual y que el asturiano lleve este año seis victorias, cuatro de ellas consecutivas, tiene el riesgo de que nos acostumbremos tanto a lo bueno que nos parezca ya insignificante. Y no es así. Lo que están haciendo el campeón español y su equipo tiene un enorme mérito, quizá tanto que ni siquiera seamos capaces de valorarlo en estos momentos de euforia. Alonso parece infalible incluso en un circuito maldito para él como Montreal, mientras que Renault está un paso por delante de todas las escuderías míticas de la Fórmula 1, que cegadas por su propio relumbrón no encuentran el camino a seguir para recuperar el terreno perdido.
Vayamos por partes. Primero el piloto. La referencia más precisa sobre la excelencia de su rendimiento es la inevitable comparación con su compañero, el hombre que dispone de unos medios idénticos a los suyos. Pues mientras que Fisichella pierde los nervios, se salta la salida y arruina sus posibilidades antes de empezar, Fernando rueda como un reloj resistiendo el acoso de un desmelenado Raikkonen, afianza su ventaja y la gestiona con una maestría sólo accesible a los mejores. En cuanto al equipo, tiene un coche tan consistente como competitivo (aunque no sea el más rápido), planifica sus estrategias con acierto y no falla en las paradas de sus pilotos; todo lo contrario que el mar de dudas que genera Ferrari o los errores de McLaren en los repostajes. Así es como se cimenta el éxito...




