Yo digo Raúl Romojaro

Dos formas de entender la vida...

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Me emocionó ver a Valentino Rossi luchando contra la adversidad. Pero más aún sus palabras nada más bajarse de la moto después de otra gesta enorme; él se había jugado el físico corriendo con una muñeca rota, había vuelto a demostrar su talento, había vencido al dolor y había sumado unos puntos que, quién sabe, quizá le resulten valiosos al acabar la temporada. Era el héroe, el protagonista digno de admiración, y sin embargo dedicó, con su eterna sonrisa jocosa, el resultado al médico que le había atendido, a su preparador físico y a todo su equipo. Rossi es grande en la pista, pero quizá no tanto como fuera de ella. Tanta generosidad, tanta humildad eleva su leyenda a una categoría en la que sólo habitan unos cuantos privilegiados.

Una sensación antagónica me produce Alberto Puig, el padre espiritual de ese otro fenómeno que se llama Pedrosa. Le conozco desde hace más de tres lustros y nunca ha sido un portento de simpatía o cordialidad. Lo cierto es que tampoco le preocupa, porque lo suyo no son las relaciones públicas sino darle a su piloto lo mejor, algo que cumple con escrupulosa profesionalidad. Pero su actitud descarada, hostil y prepotente de los últimos tiempos me parece que rebasa los límites de lo admisible. Ayer despreció, una vez más, con su pose airada a uno de los periodistas de Televisión Española, ignorante de que su arrogancia no la sufre tanto quien le pregunta como quienes le escuchan. Una forma de entender la vida muy diferente a la de Rossi. ¿Ustedes cuál prefieren?

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