El ciclismo se equivoca
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El ciclismo vuelve a equivocarse cuando lamenta que en otros deportes y en otras competiciones no se tomen medidas de precaución para evitar que participen los fraudulentos. La defensa del ciclismo no puede ser atacar a nadie o excusarse en que si yo tomo, tú también. El ciclismo bastante tiene con sus problemas como para andar enredando por ahí. Para empezar, no hay ningún otro deporte como el ciclismo en el que se encuentre tan extendida la práctica del dopaje. Ahí está la Operación Puerto. Las tres cuartas partes de los implicados van a ser ciclistas. Si fueran tenistas entonces sí tendríamos que estar hablando de Roland Garros, pero como son ciclistas, pues el Tour anda preocupado; los equipos, no digamos.
Cunde el ejemplo del Phonak de apartar corredores a la menor sospecha y nos quedamos solos. Es significativo que el ciclismo, tan dado a negar la evidencia, se ponga ahora en plan duro. Da la impresión de haber llegado a un pacto con los ciclistas de mirar hacia otro lado siempre que no se vean envueltos en escándalos; ahora, eso sí, a las más mínima se van fuera. Veo a los autores de estas medidas tan responsables del dopaje como los propios corredores. Porque ellos saben, mejor que nadie, lo que ocurre. Pero no lo denuncian. Los profesionales que ensuciaron el ciclismo (me refiero sobre todo a los directores y ex ciclistas) no pueden ser quienes ahora lo limpien. Su crédito es nulo para abanderar esta lucha.




