Pero cómo se va a ir, si eso es suyo...
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Al regreso de Roland Garros, y de paso para Wimbledon, mi capacidad de asombro sigue sufriendo rudas pruebas. Con Serra Ferrer, buen amigo de la familia Nadal, al cuido de sus negocios mediterráneos, entre Palma y Atenas, el buen pueblo de la Bética sigue viviendo entre pasiones que podía ahorrarse. Hay como un pasmo ante el nuevo (?) papel y los penúltimos mensajes de Lopera. ¿Pasmo? Vaya plan. La frase no es mía, sino de un amigo mío, bético desde que el joven Pepe León traspasara a Antón al Valencia, bético de Villamarín, que habita en Mariscos Emilio: "¿Pero cómo puede pensar la gente que se va a ir Lopera, cuando eso es suyo? Pero si es que el Betis es suyo, ¿no lo entienden?" Pues señor, parece que no lo entienden. Serra no se iba a quedar aquí por pura petición del respetable. Don Lorenzo se fue porque así lo quiso Don Manuel. Y Javier Iruretagoyena Amiano está aquí porque lo quiere Don Manuel, que no quería discutir mucho con Bernd Schuster.
Schuster, como jugador y en los años 80, pues sí, jawohl. El Schuster de ahora, pues como que es un pelín plasta y jura en alemán. Como recordatorio para socios, parientes y demás afectos, el señor Ruiz de Lopera se preocupó ayer de tasar lo que vale ahora mismo eso, el Real Betis Balompié. Y dijo a su fiel afición que tanto le estima: "Os dejo un patrimonio de 50.000 millones. A ver qué presidente se va y deja ese patrimonio". Serán millones de pesetas, digo yo. ¿Usted se iría con ese patrimonio, maestro? Yo, no.




