Alonso, 14; Nadal, 13
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No sé si nos estamos dando cuenta de la talla que están adquiriendo Fernando Alonso y Rafa Nadal. Ya no es sólo que uno sea el campeón de Fórmula 1 y otro, el mejor tenista sobre tierra batida de la historia como bien acredita su récord de 60 victorias consecutivas. Es que Alonso encadena catorce podios desde el año pasado y Nadal, trece victorias en finales. No son rachas de fortuna, sino el inicio de un reinado que durará por tiempo indefinido, pues los límites de estos dos grandes campeones aún son difícil de precisar. Campeones en la Fórmula 1 y en el tenis, dos especialidades antagónicas en cuanto a práctica, pero semejante en lo que supone de dificultad llegar a la cima. Sólo con talento y perseverancia se puede alcanzar.
Un Fórmula 1 no se entrega a cualquiera. Y menos si se trata de una escudería puntera. Pilotos que se los rifen las mejores escuderías se cuentan con los dedos de una mano y aún sobran. Pueden ir donde quieran y con el contrato que quieran. Porque ganan y porque hacen mejores a los coches. Uno de esos privilegiados se llama Alonso. A su altura comienza a situarse Nadal. En un deporte donde la competencia es máxima. Siempre habrá un rival que pegue más fuerte a la bola, que se entrene más, que le ponga más pasión al juego. Pero después hay también que ganar. Y cuando llega el momento, a Nadal no se le encoge el brazo. En su estilo, responde al retrato-robot de los campeones. Como Alonso. Dos fenómenos estos hombres.




